martes, 10 de marzo de 2009

INDUCCION Y DEMARCACION

En Popper la consideración de la inducción en el Derecho, manifestaría la necesidad de reducir el derecho a ciencia empírica, es decir, sólo se facilitaría si purgo el derecho de compromisos metafísicos; cuando él habla de conclusiones verificadas no puede entenderse que ellas conduzcan forzosamente a teorías verdaderas, ni siquiera probables, mientras el derecho esté comprometido con definiciones metafísicas no existe criterio de demarcación.
El positivismo original admitió como científicos –o legítimos- sólo los conceptos derivados de la experiencia.
Los positivistas modernos hablan de la ciencia no como sistema de conceptos sino de enunciados y sólo aceptan como legítimos los enunciados de experiencia.
Permite el procedimiento lógico-inductivo, para ellos la demarcación se hace consistir en la crítica de la metafísica y la adopción del conocimiento empírico como fórmula naturalista, y la lógica inductiva de los positivistas sólo alcanza a diferenciar entre sentidos y sin-sentidos en la clasificación de los conceptos.
En Wittgenstein la demarcación de los indicativitas se limita a reemplazar científico o legítimo por con-sentido y metafísico por sin-sentido.
El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva, dice Popper, ... equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica tienen que ser decidibles de modo concluyente.
El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva, dice Popper, ... equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica tienen que ser decidibles de modo concluyente.
Para Popper no existe nada que pueda ser llamado inducción y no es viable una inferencia que pueda ser calificada de legítima o científica a partir de casos particulares.
La falsabilidad como criterio de demarcación es difícil de aplicar a la inducción, un enunciado cualquiera no es empírico sólo porque no puede ser refutado.
La posición empírica de que sólo la experiencia califica la verdad o falsedad de los enunciados fácticos era resuelta por los positivistas dándole a las leyes naturales el carácter de enunciados no-auténticos o negando su carácter de enunciados.
Popper rechaza la estratagema dado que no tiene fundamento afirmar que todos los enunciados auténticos son completamente decidibles –verificables o falsables-. A su juicio, aún considerando las leyes naturales como auténticos enunciados se puede afirmar que sólo son parcialmente decidibles; no son lógicamente verificables pero sí son falsables.
Entre las teorías A y B, B puede ser mejor que A, porque A ha sido falsada o porque B es más rica en predicciones. Evidentemente este procedimiento no es lógicamente inductivo ni deductivo sino lógicamente probabilista.
El problema de la demarcación permite no sólo distinguir la ciencia empírica de las especulaciones pseudocientíficas Pseudo – prefijo griego Falsa) Falsa ciencia, y metafísicas sino evaluar o calibrar la significación de las teorías científicas por aplicación de la falsabilidad (es proposición universal es falsa cuando se consigue demostrar mediante la experiencia que un enunciado observable es falso).
El sentido problemático de la inducción está en la ambigüedad o doble connotación implícita en el concepto de paso. Paso de lo particular a lo general significa formular hipótesis, leyes o teorías generales a partir de casos limitados o de sujetos particulares, en este sentido existe la inducción mas no un método inductivo, un segundo sentido de paso o inferencia estaría referido no a lo general sino a lo universal, implica inferir lo universal de lo particular y constituye una justificación de la hipótesis. Esta distinción equivale a formalizar un contexto de descubrimiento para el primer sentido y un contexto de justificación para el segundo.
En la inducción enumerativa la justificación está vinculada a la pluralidad o serie. “todas las esmeraldas son verdes porque cada una de las varias que he observado es verde”;
En la inducción estadística y en la probabilista la justificación de la hipótesis está dada en la regularidad de los comportamientos, la alta probabilidad de que “Luis desarrolle cáncer de pulmón”, reside en la regularidad de la otra premisa-dato. “Los fumadores persistentes (como lo es Luis) en una alta proporción estadística desarrollan cáncer de pulmón”.
En la inferencia abductiva o de mejor explicación, se justifica la hipótesis por la eliminación de otras paralelas “las huellas en la playa son probablemente de humanos dado que generalmente las huellas que parecen de humanos son producidas por humanos”.
La ciencia está condenada a crecer careciendo de seguridad. El problema de la inducción que cíclicamente reaparece hace explícita la contraposición de teoría y experiencia. Es la insuficiente determinación de la teoría por la experiencia, ni siquiera la pluralidad de datas experimentales garantiza inferencias teóricas homogéneas siempre es posible la proliferación de hipótesis teóricas diferentes y hasta incompatibles.
Popper al condenar a las tinieblas exteriores el método inductivo excluye por consecuencia la existencia de un método científico. La ciencia es un tejido de conjeturas, la ciencia carece de toda seguridad. Pero una lógica probabilística no se puede identificar con la inducción; no importa que inducir sea el procesamiento de datos conocidos para proyectar su calificación a otros similares y desconocidos y que en este juego el interés sea una probabilidad creciente.
LA IMPOSIBILIDAD DE UNA LOGICA INDUCTIVA
En la teoría popperiana la probabilidad es formal, autónoma y simétrica.
El Razonamiento inductivo se presenta veces como caprichoso, pues se eligen indistintamente fundamentos de naturaleza contraria: a) Si he sacado más fichas rojas que blancas, probablemente la próxima será roja; b) Si he sacado más fichas rojas que blancas, probablemente la próxima será blanca.
La lógica probabilística no puede identificarse con la lógica inductiva aunque pueden darse afinidades, un argumento conclusivo será simplemente un argumento con probabilidad máxima. Visto así la argumentación probabilística es razonamiento inductivo pero, según Popper, no hay forma de llevar la lógica probabilística a reglas inductivas.
La inducción en su intento de conocer lo desconocido disminuye la seguridad de ese conocimiento, pero la lógica inductiva no puede identificarse con la lógica probabilística.
Hume había dicho que no hay argumento lógico válido para demostrar que los casos desconocidos de una categoría son parecidos a los casos conocidos.
CONCLUSIONES No es posible una argumentación inductiva y en el caso de serlo no es lógica. La lógica o es deductiva, o no es. Ahora bien, las decisiones judiciales siempre están montadas en el método lógico-deductivo, pero consideramos que este es inaceptable en la medida en que se divorcia de la realidad existencial y convierte al hombre y su conducta en premisas formales y esquemáticas frías. Bien es cierto que existen otros tipos de argumentación no-lógicos –analogía, metáforas, intuición- y con el pretexto de humanizar el fallo, podrían acogerse como posibilidad, pero ello acarrea el peligro de abrir paso a la improvisación individual, a la falta de cohesión conceptual corporativa y a desestimar el antecedente creativo. Por lo anterior, la deducción lógico-formal no puede ser por sí sola la base del fundamento de una sentencia, pues habrá de reconocerse que en su elaboración entra en juego los elementos geográficos, económicos, técnicos, etc, los cuales entran a operar dentro de un sistema global. El juez no puede desligarse de los elementos normativos, pero tiene que integrar además los valorativos y los socio históricos. Adicionalmente, habrá de considerarse que la inferencia deductiva opera en el ámbito de los contenidos normativos y no en el de las normas Es más notorio el papel del marco lógico-deductivo y del principio de legalidad que es la fuente de su dinámica, en el derecho penal: Porque tanto la tipicidad del delito, como el procedimiento adecuado, la consecuencia punitiva y el juez competente, forman parte de la premisa mayor del debido proceso y constituyen una camisa de fuerza que prácticamente elimina toda posibilidad de discrecionalidad en el juez. El silogismo se le da hecho, y salirse de él es prevaricar. Cuando se habla de la certeza del derecho y de la seguridad jurídica como un mito, se hace preciso reforzar la discrecionalidad del juez y reconstruir con bases distintas tanto la seguridad jurídica como la certeza del derecho. Una explicación tiene compromiso con la lógica, pero una justificación no. Ello es posible si se acepta que las justificaciones no integran un sistema cerrado, por lo menos no tan cerrado como las explicaciones lógicas. La elección de los recursos interpretativos puede desplazarse hacia lo ideológico, y no se irá a la busca de la solución lógicamente correcta sino de la solución políticamente razonable. (Es probablemente la razón para que Perelman considerara los procedimientos jurídicos como una simple modalidad retórica.) Así, la verdad explicada tiene referentes empíricos, en tanto que el valor justificado carece de ellos. Si el jurista trabaja con el método lógico-deductivo los juicios de verdad deben conducirlo a una decisión que no solo se muestra como verdad y como razonable, sino que debe ser demostrada. Por otros caminos, trabajando con los juicios de valor, el compromiso no es demostrar, sino apenas mostrar y encuadrar lo mostrado en un marco ideológico. Si se logra dar aceptabilidad a la decisión jurídica, y esa aceptabilidad es general o universal, el logro es superior a si hubiera buscado la objetividad con los juicios de verdad. Aquí se hace explícita una distinción fundamental: La argumentación racional no tiene por qué reducirse al método lógico-deductivo. Las otras fórmulas pueden de igual manera ser razonables. No es forzoso concebir la decisión jurídica como una verdad científica. La matematización de las ciencias no resulta adecuada a la ciencia jurídica. Del método tradicional lógico-deductivo no se puede prescindir totalmente, pero ha de concebirse la decisión jurídica como un proceso complejo de argumentación que es secuencia de sucesivas decisiones elaboradas no solo por deducción sino con auxilio de los otros instrumentos de inferencia.
VEROSIMILITUD Y CORROBORACION
LA VEROSIMILITUD
Literalmente hablando, VEROSIMIL es lo que parece verdad, lo que parece verdadero, Y la verosimilitud es la condición de los enunciados que parecen acercarse a la verdad. Dentro de este sistema no se considera la posibilidad de que se llegue a la verdad, y la calidad de conocimiento científico se va a medir por la aproximación aparente a la verdad, por la dosis de verdad que parece tener, y que siempre será una situación temporal o provisional.
No tiene sentido acumular verdades fáciles por lo triviales o tautológicas. Como dos y dos son cuatro o Todas las mesas son mesas. Hay importantes conjeturas y grandes teorías que resultan falsas, pero son de interés científico porque contienen gran cantidad de enunciados verosímiles y a través de ellos abren caminos. Para la ciencia es preferible una verdad parcial o precaria que origina numerosos enunciados verosímiles, que una verdad sólida pero minúscula y pobre en su contenido de enunciados verosímiles. Al lado del contenido de verdad de que hemos hablado, está el contenido lógico del enunciado que está constituido por el conjunto de informaciones que proporciona. Aunque los enunciados que no son ambiguos forzosamente son verdaderos o falsos, bien puede ocurrir que dados como falsos sean próximos a la verdad, lo que daría una categoría especial: la de los enunciados falsos pero próximos a la verdad.
Cuando son las tres de la tarde, es tan falso que son las dos y media como que son las dos y cuarenta y cinco, pero este segundo enunciado es menos falso o más próximo a la verdad, que el primero.
Podemos, pues, hablar de enunciados verdaderos, o con mayor contenido de verdad, y enunciados falsos más o menos próximos a la verdad, es decir, menos falsos que otros cuya distancia a la verdad es mayor.
Esto nos permite decir que el objetivo de la ciencia es la verdad, o la conquista de la mayor cantidad posible de verdad en los enunciados, esto es, la verosimilitud.
A juicio de Popper, para la teoría crítica de la ciencia se necesita más que la verdad, la verosimilitud.
LA CORROBORACION
Las teorías no son verificables, es decir, no pueden ser comprobadas, no puede asegurarse que constituyen verdad o falsedad en términos absolutos.
Solamente pueden ser corroboradas, Las teorías son algo que no es verdadero ni falso sino más o menos probable.es decir, calificadas como más o menos probables.
El proceso se realiza a través de las contrastaciones, y el enunciado será de mayor calidad en la medida en que haya resistido más contrastaciones. Esto daría la medida de su corroboración.
Las teorías sometidas a sucesivas y diversas contrastaciones y experimentos pueden lo mismo mejorarse que falsarse.
En el supuesto de que falle la regularidad de los procesos naturales, si el sol no sale mañana, el observador científico tendría qué explicar este fenómeno, deduciéndolo de leyes y probablemente revisando las teorías anteriores; pero las teorías revisadas no solo tendrían que explicar este fenómeno específico sino permitir la deducción de explicaciones a las situaciones o fenómenos anteriores.
Esto es, las nuevas teorías con las que la ciencia sustituye las anteriores, deben cubrir con su comprensión y explicaciones tanto los procesos anteriores como el fenómeno excepcional que las niega o desvirtúa.
Dado que de su validez depende la validez de las inferencias a que se aplica, aceptar su falsabilidad conduciría a su propia falsación simultáneamente con la de la primera teoría falsada. Esta necesidad de poner término a una regresión interminable, equivale a determinar un punto de partida a las inducciones mediante un enunciado no refutable, es decir, propuesto como válido a priori. Así pues, reconocer la invariabilidad o uniformidad de la naturaleza y con ella la verificabilidad o comprobabilidad de las teorías, no puede constituír una teoría del conocimiento porque nos colocaría en un dilema. Estaríamos abocados a la regresión infinita o al apriorismo.
Popper prefiere hablar de grado de corroboración en lugar de probabilidad y usa el grado de corroboración para determinar la aceptabilidad de una hipótesis. Dice Popper que las teorías no son verificables. (Y ésta, siendo consecuentes, es una teoría de Popper, o peor aún si se la toma como principio o ley). Lo que quiere sugerir es más bien –y así lo dice- que las teorías pueden mejorarse con la práctica de nuevos experimentos. Asimismo, pueden falsarse, lo que invierte su mejoramiento hasta eliminarlas gradual o definitivamente de un paradigma.
Pero es en el plano metodológico donde le interesa sustentar la inverificabilidad de las teorías. La inexistencia de eventos antes previstos como regulares –dentro de la regularidad de la naturaleza, que es el fundamento de sus leyes- tiene, a su vez, qué ser explicada por la ciencia, y tiene qué hacerlo a través de las mismas leyes.
No es posible, pues, fundar la probabilidad de una hipótesis en la frecuencia de enunciados –verdaderos o falsos-. Con ello queda dicho que considerar la frecuencia veritativa es incompatible con la teoría probabilitaria de la inducción. A juicio de Popper es estéril identificar la probabilidad de una hipótesis con la probabilidad de eventos. Y ésta conclusión es independiente de que se acepte que las hipótesis de la física son enunciados probabilitarios, o se distinga en las leyes naturales las que son probabilitarias o hipótesis frecuenciales, de las que son deterministas o precisas. Como lo piensa Jeans, Popper dice que no sabemos nada… con seguridad. En el mejor de los casos tratamos con probabilidades.
A juicio de Popper es estéril identificar la probabilidad de una hipótesis con la probabilidad de eventos. Y ésta conclusión es independiente de que se acepte que las hipótesis de la física son enunciados probabilitarios, o se distinga en las leyes naturales las que son probabilitarias o hipótesis frecuenciales, de las que son deterministas o precisas. Como lo piensa Jeans, Popper dice que no sabemos nada… con seguridad. En el mejor de los casos tratamos con probabilidades.
La lógica inductivista clásica presenta la posibilidad de coordinar los enunciados probabilitarios dentro de una escala de grados de validez, que serían en el fondo grados de probabilidad entre dos puntos extremos inalcanzables: la verdad y la falsedad.
No tiene, pues, utilidad práctica sustituir verdadero por probable, ni falso por improbable. Pero una hipótesis sí puede demostrar su temple, su fortaleza, en una cierta forma de evaluación, que es la que llamamos corroboración. Esto no conduce a afirmar que las hipótesis sean enunciados verdaderos, sino apenas conjeturas provisionales.
Pero la corroboración de una teoría no ha de tomarse solamente como cantidad: mayor o menos grado de corroboración. Sino principalmente considerando con criterio cualitativo que la corroboración puede ser mejor o peor, de mayor calidad o de menor calidad. Una hipótesis científica compleja exige calidad en la corroboración. El enunciado de un evento físico cotidiano, o un enunciado elemental como todos los cuervos son negros, no pide corroboraciones de calidad, y basta una reiteración cuantitativa para considerarlos corroborados.
Popper cree que en la historia de la ciencia es la teoría y no el experimento, la idea y no la observación, las abren nuevos caminos. Pero el experimento tiene a su favor que nos desafía hacia las nuevas rutas. Los términos corroborabilidad, contrastabilidad y probabilidad lógica han de relacionarse para un mejor entendimiento. La corroborabilidad de una teoría tiene relación con su falsabilidad.
Cuanto más contrastable, mejor puede ser corroborada. Pero la contrastabilidad es lo contrario de la probabilidad lógica. Y al evaluar la corroboración, se tiene en cuenta la probabilidad lógica del enunciado.
En la corroboración, los primeros ejemplos de contrastación suelen tener más peso e importante, y éstos decrecen al aumentar su número. Diríamos que las últimas contrastaciones agregan muy poco al grado de corroboración ya definido. El grado de corroboración de una teoría más universal puede ser mayor que el de otra menos universal, y que, por lo mismo sería menos falsable.






Karl Raimund Popper (Viena, 28 de julio de 1902 - Londres, 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo, sociólogo y teórico de la ciencia nacido en Austria y posteriormente ciudadano británico.
Popper expuso su visión sobre la filosofía de la ciencia en su obra, ahora clásica, La lógica de la investigación científica, cuya primera edición se publicó en alemán (Logik der Forschung) en 1934. En ella el filósofo austriaco aborda el problema de los límites entre la ciencia y la metafísica, y se propone la búsqueda de un llamado criterio de demarcación entre las mismas que permita, de forma tan objetiva como sea posible, distinguir las proposiciones científicas de aquellas que no lo son.
Es importante señalar que el criterio de demarcación no decide sobre la veracidad o falsedad de una afirmación, sino sólo sobre si tal afirmación ha de ser estudiada y discutida dentro de la ciencia o, por el contrario, se sitúa en el campo más especulativo de la metafísica. Para Popper una proposición es científica si puede ser refutable, es decir, susceptible de que en algún momento se puedan plantear ensayos o pruebas para refutarla independientemente de que salgan airosas o no de dichos ensayos.
Su criterio de demarcación le trajo sin querer un conflicto con Ludwig Wittgenstein, el cual también sostenía que era preciso distinguir entre proposiciones con sentido y las que no lo tienen. El criterio de distinción, para Wittgenstein, era el del "significado": solamente las proposiciones científicas tenían significado, mientras que las que no lo tenían eran pura metafísica[cita requerida]. Era tarea de la filosofía desenmascarar los sinsentidos de muchas proposiciones autodenominadas científicas a través de la aclaración del significado de las proposiciones.
Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) fue un filósofo austriaco, posteriormente nacionalizado británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas.
Las Investigaciones filosóficas es el principal texto en que se recoge el pensamiento del llamado segundo Wittgenstein. El rasgo más importante de esta segunda época está en un cambio de perspectiva en su estudio filosófico del lenguaje. Si en el Tractatus adoptaba un punto de vista lógico para el escrutinio del lenguaje, este segundo Wittgenstein llega al convencimiento de que el punto de vista adecuado es de carácter conductista: no se trata de buscar las estructuras lógicas del lenguaje, sino de estudiar cómo se comportan los usuarios de un lenguaje, cómo aprendemos a hablar y para qué nos sirve.
Hume es la figura más importante de la corriente filosófica del s. XVIII denominada empirismo, que surge como reacción al problema del conocimiento del racionalismo del siglo XVII. Ahora, el hombre y su mente es el centro de las preocupaciones y no es Dios, como ocurría en la filosofía medieval. Los empiristas sostienen que no hay ideas innatas y que todas ellas proceden de la experiencia sensible.
Hume señala que todas las ciencias guardan relación con la naturaleza humana, es decir, todas las ciencias caen bajo las capacidades del ser humano y son juzgados por el hombre. El único método válido para Hume es el de Newton pero aplicado a la ciencia del hombre.
Todo cuanto conocemos es una percepción. Las percepciones son los contenidos de la mente en general y se dividen en impresiones, que son los datos inmediatos de la experiencia, e ideas, que son representaciones o copias de las impresiones en el pensamiento (imágenes debilitadas de las impresiones). Las ideas tienen su origen en las impresiones. Ambas pueden ser también simples o complejas, según estén o no formadas por partes y pueden ser también de reflexión o sensación. Cuando la mente ha recibido impresiones, éstas pueden reaparecer de dos modos: memoria e imaginación. Las ideas de la memoria son más fuertes que las de la imaginación pues la memoria preserva el orden y la forma de las originales. La imaginación, sin embargo, es libre de alterar y trastocar las ideas.
tomada de las maximogris y buscadores de internet autorizados

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