martes, 10 de marzo de 2009

BOBBIO


Norberto Bobbio nace en Turín en 1909. Licenciado en Derecho y en Filosofía, se ha dedicado a la carrera universitaria, con docencia en el ámbito de la Filosofía del Derecho y de la Filosofía Política. Estas materias han ocupado gran parte de su extensa bibliografía, que siempre compaginó con la atención a los problemas de la vida cultural e ideológica de su tiempo. Realizó también una breve incursión en la política práctica, pero sin llegar a ocupar cargos políticos, destacando en este ámbito su valiosa aportación ideológica de orientación socialista-liberal.
1 La temática en la que ha centrado sus estudios es, pues, muy amplia. Con predilección por el género ensayístico, siendo la mayor parte de sus obras compendios de ensayos o de apuntes universitarios, abarca ámbitos tan distintos como la Filosofía Política, la Sociología Jurídica, la Teoría General del Derecho, la Filosofía Analítica, el Derecho Internacional, la Teoría de la Justicia, los Derechos Humanos y la Historia de la Filosofía.
2Bobbio destaca su predilección por los problemas de la teoría general del derecho, es decisiva su influencia kelseniana, de acuerdo con el cual desarrolla una teoría normativista y formalista. A esta materia ha dedicado parte de sus ensayos en especial a dos cursos académicos, publicados inicialmente con la denominación de Teoría de la Norma Jurídica, en 1958 y la Teoría del Ordenamiento Jurídico, de 1960. Estas dos publicaciones, por su conexión y continuidad, serían recogidas en un sólo volumen, con la denominación de Teoría General del Derecho.

II. LA TEORÍA GENERAL DEL DERECHO

La Teoría General del Derecho de Bobbio se inicia con el análisis de la norma jurídica, pero no se detiene ahí, pues considera que la norma jurídica ha de estudiarse teniendo en cuenta un "todo más vasto que la comprende"; entendiendo por el "todo" el conjunto de normas. Bobbio destaca el mérito de la teoría de la institución de Santi Romano en el sentido de haber desplazado los problemas que plantea la Teoría General del Derecho desde el punto de vista de la norma jurídica, al del ordenamiento jurídico considerado en su conjunto, pues con esta teoría se evidencia el hecho de que sólo puede hablarse de Derecho cuando haya un sistema de normas que forman un ordenamiento, siendo por tanto la norma el presupuesto previo para llegar al ordenamiento.
Continuando esta argumentación romanista, Bobbio considera también que, pese a que la idea de norma jurídica es clave para definir su concepto de Derecho como sistema en el que esas normas se integran en su totalidad, el concepto de Derecho no puede definirse desde el punto de vista exclusivo de la norma jurídica aisladamente considerada, sino que se hace imprescindible ampliar la perspectiva hasta tomar en consideración el modo en que una norma es eficaz, gracias a una compleja organización que determine la naturaleza y entidad de las sanciones, las personas que deben aplicarlas y su ejecución. Tal organización integrada por un complejo sistema de normas, recibe la denominación de ordenamiento jurídico. Así pues, el problema de la definición del Derecho ha de ubicarse en el ámbito de la teoría del ordenamiento y no en el de la teoría de la norma. Además, explicar el criterio que diferencia a las normas jurídicas de las demás normas es complejo, resultando más sencillo el interrogante a la expresión "ordenamiento jurídico", y demostrar que toda norma que pertenece a un ordenamiento jurídico es jurídica. Sólo desde la teoría del ordenamiento todo fenómeno jurídico encuentra su explicación. Si para Bobbio el criterio que caracteriza una norma jurídica es que su ejecución esté garantizada por una sanción externa e institucionalizada, el que existan normas jurídicas sin que lleven aparejadas de manera directa una sanción, se explica por el hecho de que al estar integradas en un sistema de normas, el requisito de la acción organizada hace referencia no a la sanción aisladamente, sino al elemento normativo en su conjunto. Por tanto, la juridicidad de un ordenamiento viene determinada por la mayor parte de las normas del sistema, y no todas, impongan sanciones. También el problema de la eficacia de la norma se desplaza al ámbito del ordenamiento jurídico. Así, una norma puede ser válida sin ser de aplicación real y efectiva. Sin embargo, la eficacia es un requisito para que un ordenamiento jurídico tenga validez. Por lo cual, no estamos ante un ordenamiento jurídico porque contenga normas jurídicas, sino que existen normas jurídicas porque existen ordenamientos jurídicos distintos de los no jurídicos. Aquí se inválida la clasificación entre normas jurídicas y normas no jurídicas. La juridicidad de una norma viene dada por su pertenencia a un ordenamiento jurídico, Partiendo de todas estas consideraciones Bobbio llega a la conclusión de que la expresión Derecho se refiere a un determinado tipo de ordenamiento, pasa a continuación a definir el ordenamiento como un conjunto de normas, lo que presupone negar la existencia de un ordenamiento integrado por una sola norma.

III. EL PRINCIPIO DE UNIDAD

La pluralidad de normas que integran un ordenamiento jurídico complejo crea una serie de problemas derivados de la relación y cohesión de todas las normas entre sí. Bobbio destaca cuatro problemas en la interrelación normativa: la unidad, las antinomias, las lagunas y las relaciones entre ordenamientos jurídicos. A lo largo de este trabajo veremos que tales problemas se encuentran conectados por el principio de unidad. Así, Bobbio contempla el problema de la unidad desde una doble perspectiva. A) En relación al modo en que se articulan las diferentes fuentes del Derecho en una estructura jerarquizada, derivando todas las normas de la norma fundamental. A esta cuestión la denominada "el problema de la unidad" en sentido estricto. B) A continuación, Bobbio se plantea si tal unidad se identifica con una "totalidad ordenada", o sea que sus normas, además de derivar todas de la misma norma fundamental, han de estar ordenadas y armonizadas entre sí de tal modo que no existan incompatibilidades ni lagunas. Bobbio se refiere a este tema utilizando la denominación de "problema de las antinomias", "problema de la falta de integridad del ordenamiento jurídico" y "problema de las relaciones de los distintos ordenamientos jurídicos entre sí". Tales fuentes las clasifica en originarias o directas, y fuentes derivadas o indirectas. Dentro de las segundas distingue dos tipos de fuentes: fuentes reconocidas, que suponen la acogida por un ordenamiento jurídico de normas ya formuladas, y fuentes delegadas, cuando se delega una producción normativa futura. Además, de una misma fuente del Derecho puede emanar tanto normas de comportamiento, destinadas a regular el comportamiento de las personas, como normas de estructura, regulan los procedimientos de reglamentación jurídica. La complejidad de un ordenamiento deriva de la existencia de diferentes fuentes, pero tal complejidad no excluye la unidad, La unidad dentro del sistema de fuentes de un ordenamiento jurídico complejo es explicado por Bobbio tomando como referencia la teoría de la elaboración del ordenamiento jurídico de Kelsen, pues en la construcción kelseniana de la norma fundamental, que no depende de ninguna otra, radica la unidad del ordenamiento. Si partimos de las normas inferiores vemos que derivan de sus superioras, éstas a su vez derivarán de las normas que se encuentran en el siguiente plano más elevado, y así sucesivamente hasta llegar a la norma fundamental, que es la que dota de unidad al conjunto de normas y que consideradas globalmente constituyen un ordenamiento jurídico. La estructura jerárquica de un ordenamiento se representa, siguiendo el formalismo kelseniano, en forma de una pirámide de planos sucesivos. En el vértice de la pirámide se encuentran las normas ejecutivas respecto a la norma superior, que encarnan el cumplimiento del deber que éstas imponen; y normas productivas respecto a la norma inferior, que suponen la expresión de un poder originario o derivado a cumplir por la norma inferior. Y, en la base de la pirámide se encontrarían actos ejecutivos, poder y deber son dos conceptos correlativos en una relación jurídica, que se puede definir como la relación entre el poder de un sujeto y el deber de otro sujeto. Bobbio identifica la norma fundamental con aquélla que establece la necesidad de obedecer al poder originario o poder constituyente. Pues si la Constitución es la norma superior de un ordenamiento jurídico, y el término norma significa imposición de deberes, todo deber, como se acaba de exponer, presupone un poder correlativo. Por tanto, toda norma constitucional se deriva de un poder normativo, y ese poder normativo es el poder constituyente. Bobbio identifica “al poder originario o constituyente, con las fuerzas políticas que han instaurado un determinado ordenamiento jurídico”. El poder constituyente como poder último deriva de una norma superior que le atribuye el deber de producir normas jurídicas. Esta norma superior es la norma fundamental que no depende de ninguna otra, sino que es entendida como un presupuesto del ordenamiento, que si bien no es expresa, cumple en el sistema normativo "la misma función que los postulados en un sistema científico". Lo mismo ocurre con la norma fundamental que también es una con proposición evidente, que se expande en una serie de fuentes de las que emanan diversas normas, y que en su consideración globalizadora encuentra su unidad precisamente en derivar todas de la norma fundamental, que al imponer el deber de obedecer al poder originario del que se deriva la Constitución, está imponiendo también el deber de cumplir las normas que suponen el cumplimiento sucesivo de la misma, o sea, leyes, reglamentos, decisiones judiciales, etc. La norma fundamental es, por tanto, el criterio unificador de todas las normas del sistema, dentro del sistema. No obstante, Bobbio afirma que "todo sistema tiene un origen"; para las teorías iusnaturalistas éste habría que ubicarlo en la razón misma común a todos los hombres y otras teorías argumentan que el fundamento del poder se encuentra en un "contrato social" entre los miembros de la sociedad y aquéllos a quienes se les confía el poder .Además de considerar a la norma fundamental como el criterio unificador de todas las normas del sistema, Bobbio dota a la norma fundamental con el criterio determinante de la validez de las otras normas, pues señala como primer requisito de validez el que la norma haya sido dictada por el poder legítimo para expedirla. Si el poder del que emana la norma se puede relacionar, aun remontando en su caso los distintos planos en que se estructura el ordenamiento, con la norma fundamental, la norma pertenecería al ordenamiento, al conjunto de normas en que se despliega la norma fundamental y estaría en ese caso dotada de validez. La norma fundamental, al imponer el deber de obedecer a los detentadores del poder originario o poder constituyente, legitima al mismo tiempo al poder originario para ejercer la fuerza, a través de la organización de la sanción, mediante la estructura que determina la naturaleza y entidad de las mismas, las personas que deben aplicarla y su ejecución. No obstante, la aplicación de la fuerza a través de la previsión de los mecanismos sancionadores de un ordenamiento jurídico, legitimada por la norma fundamental, aunque es exigencia de validez del ordenamiento no supone que su uso sea justo, sino sólo legítimo en cuanto medio para organizar la sociedad mediante la fuerza, pero no supone el deber de orientar toda la legislación hacia la organización de la fuerza. Por tanto, la eficacia del ordenamiento, en cuanto encuentra su origen en la habilitación de la norma fundamental al poder constituyente para organizar la fuerza, se encuentra localizada, al igual que la unidad de las distintas fuerzas que la integran, en la norma fundamental. Tal norma fundamental es la unidad a la que se reducen todas las normas que componen el ordenamiento, y al mismo tiempo es la responsable de que éste sea eficaz, en cuanto establece el deber de obedecer al poder constituyente, al conjunto de fuerzas políticas que han instaurado un determinado ordenamiento jurídico. La eficacia es un requisito imprescindible para que el ordenamiento jurídico sea válido, para que tenga existencia en cuanto a tal. Bobbio sitúa en la norma fundamental tanto la idea de unidad, como la de eficacia y validez del ordenamiento jurídico . De todo lo expuesto extraemos como conclusión lo siguiente : - Si un ordenamiento jurídico tiene unidad es que todas las normas de sus diferentes fuentes estructuradas jerárquicamente se derivan de una única norma superior. Para que un ordenamiento jurídico tenga existencia en cuanto a tal, tenga validez, ha de ser eficaz. - La eficacia del ordenamiento jurídico requiere una norma fundamental que establezca la necesidad de obedecer al poder originario o constituyente, dotándolo del ejercicio de la fuerza como instrumento necesario para ejercer el poder, y que a su vez legitima su ejercicio por las normas sucesivamente inferiores, que necesitarán del uso de la fuerza para cumplir las prescripciones impuestas por la norma de inmediato rango jerárquico, y así sucesivamente hasta alcanzar la norma fundamental, en la que radica la unidad, configurándose por tanto en la norma de cierre del sistema . El problema de las antinomias Bobbio parte de la consideración kelseniana del ordenamiento jurídico como unidad, en cuanto que todas las normas que lo integran se reducen a una norma fundamental, situada en la cúspide de la estructura jerarquizada y a la cual se pueden remontar directa o indirectamente todas las demás, o sea. Pero, aquí el concepto de orden ha de entenderse referido no exclusivamente a la unidad de todas las normas en la norma superior, sino que además todas las normas han de estar en relación de coherencia, no ser incompatibles entre sí. No obstante, Bobbio considera que en el ordenamiento jurídico existen normas incompatibles, a las que denomina antinomias, que perteneciendo al mismo ordenamiento jurídico y coincidente en los cuatro ámbitos de validez: temporal, espacial, personal, y material, ofrecen soluciones contradictorias. Así, en un ordenamiento jurídico existen siempre normas incompatibles, antinómicas. No obstante, la tendencia de todo ordenamiento se dirige a eliminar tales contradicciones, o sea, tiende a convertirse en un todo unitario y coherente, en un "sistema". Para ello, la jurisprudencia ha ido elaborando reglas que permiten eliminar la incompatibilidad existente entre las normas, unas veces utilizando la "interpretación correctiva" que supone introducir una modificación leve o parcial en el texto de la norma; y otras veces la solución jurisprudencial se ha basado en la no aplicación de una de las normas en conflicto. En otros supuestos la antinomia se resuelve inaplicado las dos normas en conflicto buscando una solución intermedia. Así, a través de la hermenéutica, las antinomias presentes en un ordenamiento jurídico son subsanables. Según Bobbio el intérprete del Derecho está vinculado por tres reglas a la hora de resolver las antinomias - Criterio cronológico: la norma posterior deroga a la anterior. - Criterio jerárquico: la norma superior prevalece sobre la inferior. - Criterio de la especialidad: la norma especial prevalece sobre la norma general. El criterio cronológico resuelve el problema de la antinomia cuando dos normas incompatibles son sucesivas, el jerárquico cuando se trata de dos normas incompatibles que están en diferente plano; y el criterio de la especialidad cuando entran en conflicto una norma general con una norma especial .Pero, el problema se plantea cuando a dos normas incompatibles entre sí se les puede aplicar al mismo tiempo más de un criterio de los señalados, y de tal aplicación resultan soluciones distintas. En este caso nos encontramos ante un conflicto entre criterios, al que Bobbio denomina como "antinomia de segundo grado"Los conflictos entre criterios pueden ser: - Conflicto entre el criterio jerárquico y cronológico. Cuando una norma superior y anterior es incompatible con una inferior y posterior. Aquí prevalece siempre el criterio jerárquico sobre el cronológico.- Conflicto entre el criterio cronológico y el de especialidad. Una norma anterior y especial es incompatible con otra posterior y general. Aquí prevalece siempre la norma anterior y especial. Tiene prioridad, pues, el criterio de la especialidad.- Conflicto entre el criterio jerárquico y el de la especialidad. Es el supuesto de una norma superior pero general, incompatible con una norma inferior especial. En este caso no existe una regla consolidada, sino que habrá de estarse a la interpretación teniendo en cuenta las circunstancias, aunque al menos desde un punto de vista teórico, habrá de prevalecer el criterio de la jerarquía, pues en otro caso incluso los preceptos constitucionales podrían ser modificados a la hora de su aplicación efectiva por una norma que aunque inferior, regulase la materia de una manera más específica También hay supuestos en los que la aplicación de algunos de estos criterios resulta inoperante a la hora de resolver la antinomia, pues se trata de normas contemporáneas, de un mismo nivel y ambas generales. Es el caso relativamente frecuente de dos normas generales e incompatibles que se encuentran recogidas en un mismo Código. Aquí es aplicable un criterio recurrente aunque no vinculante para el intérprete, que es el de distinguir las normas según su forma: imperativas, prohibitivas y permisivas. Entonces se suele establecer el criterio de hacer prevalecer, en el caso de conflicto entre una norma imperativa o prohibitiva y otra permisiva, ésta última, por ser la más favorable. Otro supuesto es el de que entren en conflicto una norma imperativa y otra prohibitiva, alcanzándose generalmente la conclusión de que se trata de dos normas contrarias, por lo cual no pueden ser ambas verdaderas, pero sí pueden ser las dos falsas, por lo que ambas pueden eliminarse mutuamente, y el comportamiento deja de considerarse ordenado o prohibido para pasar a ser permisivo o lícito. Pero, en caso de no ser aplicables las reglas derivadas de los tres criterios: jerárquico, cronológico y de especialidad, la solución queda exclusivamente en manos del intérprete del Derecho, que habrá de valorar a la hora de tomar su decisión la oportunidad de la misma, para lo cual utilizará todas las técnicas de la hermenéuticaNo obstante, la incompatibilidad entre algunas de las normas que componen el ordenamiento jurídico, éstas son válidas, pertenecen realmente al mismo aun cuando su ámbito de validez, de aplicación (temporal, espacial, personal y material) sea coincidente. Si las normas coinciden en los criterios de validez son verdaderamente antinómicas, pero a la hora de su aplicación efectiva habrá de resolverse la antinomia para alcanzar la unidad de todas las normas entre sí y con la fundamental, optando por algunos de los criterios interpretativos expuestos .Pero, para que en un ordenamiento jurídico haya unidad no pueden existir contradicciones, antinomias, entre las normas que lo integran. Tales antinomias tienen existencia real, validez, aunque a la hora de hacerse eficaces la contradicción ha de eliminarse a través de la interpretación, permitiendo alcanzar así la unidad de todas las normas del ordenamiento. Tales normas se remontan directa o indirectamente a través de los sucesivos planos superiores jerárquicos hasta alcanzar la cúspide del ordenamiento jurídico, la norma fundamental, en cuyo seno todas las normas del ordenamiento se reducen a unidad. Así, del concepto de unidad se deriva en la obra de Bobbio dos exigencias fundamentales: - que la norma fundamental dote de unidad al ordenamiento, pues es el núcleo común del que derivan todas las demás normas. - la unidad de cada una de las normas del ordenamiento jurídico con las demás normas, lo que exige si no la ausencia de antinomias, sí que estas se subsanen con la interpretación. b) El problema de las lagunas. El problema de las lagunas o de la falta de integridad de un ordenamiento jurídico supone la inexistencia, a la hora de regular un determinado comportamiento, de normas que lo prohíban o que lo permitan. El problema de las lagunas guarda una estrecha relación con el de las antinomias, y ambos pueden reconducirse al concepto de unidad. Así, en el caso de las normas incompatibles es preciso eliminar la antinomia por medio de la interpretación para alcanzar la unidad. Si por el contrario hay una laguna, no existe ninguna norma que regule un supuesto concreto, por lo que para alcanzar la unidad de todas las normas entre sí hay que buscar una norma aplicable, no pueden existir zonas de anomia, ámbitos de actuación no regulados. Mientras que un ordenamiento jurídico puede estar integrado por normas incompatibles, la ausencia de lagunas es un requisito imprescindible de todo ordenamiento en el que el Juez esté obligado a juzgar todas las controversias que se le presenten, fundándose para llevar a cabo tal labor en normas que pertenezcan al mismo60 .Se ha argumentado que en un ordenamiento jurídico no tiene porqué existir lagunas, pues en el caso de un supuesto no expresamente regulado, éste se resolvería a través de una de las siguientes posibilidades: - Aplicando la norma general exclusiva: el caso no regulado se resuelve de modo opuesto al regulado - Aplicando la norma general inclusiva: el caso no regulado se resuelve del mismo modo que el regulado Pero, con la aplicación de uno de estos procedimientos no se subsana el problema de las lagunas, ya que el ordenamiento jurídico no prevé cual es la solución adecuada para un caso concreto, dejando a la libre decisión del juez el optar por aplicar la norma general exclusiva o la norma general inclusiva. El hecho de que el ordenamiento jurídico no refleje la norma a aplicar en cada caso, es decir, contenga lagunas denominadas como reales o propias, revela la falta de integridad del ordenamiento jurídico. Otro tipo de lagunas presentes siempre en los ordenamientos jurídicos positivos son las ideológicas o impropias, que suponen no ya la ausencia de una norma destinada a regular un determinado comportamiento, sino que tal norma sea justa, que se trate de una norma satisfactoria desde un punto de vista moral64 .Además, Bobbio, de acuerdo con Brúñete amplía el concepto de laguna ideológica, al considerar también como tales las relativas a la diferencia existente entre el contenido de una ley con lo que debería decir para adecuarse perfectamente al espíritu completo del sistema, para alcanzar así la unidad del ordenamiento configurado como un todo que matiza el significado de cada norma particular .No obstante, Bobbio centra el verdadero problema de la integridad del ordenamiento en ver si hay lagunas propias y en la posibilidad de su eliminación. La integración de tales lagunas con la finalidad de adaptar la regulación de una conducta no expresamente prevista al espíritu completo del sistema puede hacerse por dos vías. A) La auto integración, en cuanto método que permite completar las lagunas del ordenamiento a través de dos procedimientos: - La analogía, o norma general inclusiva, que atribuye a un caso no regulado el mismo trato que establece para un caso similar una norma del mismo ordenamiento y que por tanto se remonta a la misma norma fundamental . Este procedimiento ha sido adoptado par el legislador italiano expresamente en el artículo 12. º Del Código Penal, exceptuando su aplicación en el ámbito de las leyes penales o de las excepcionales. Tal interpretación analógica puede realizarse bien acudiendo a normas del mismo ordenamiento, y que por lo tanto se remontan a la misma norma originaria; o recurriendo mínimamente a fuentes distintas de la dominante, entendiendo por tal a la ley - Los principios generales del Derecho, que Bobbio identifica con las normas fundamentales y más generales del ordenamiento jurídico B) La heterointegración, que supone un método de integración del ordenamiento jurídico realizable a través de dos vías: -Recurriendo a ordenamientos diversos. A la hora de completar una laguna en el ordenamiento interno no subsanable con métodos de auto integración, el intérprete del Derecho ha de acudir tanto a principios de Derecho natural como a otros ordenamientos positivos -Recurriendo a otras fuentes distintas de la ley, que es considerada como la fuente dominante, es decir, el recurso a la costumbre y al Derecho judicial, al poder creativo del juez .c) Las relaciones entre ordenamientos jurídicos La idea según la cual existe exclusivamente un único ordenamiento jurídico universal se denomina "monismo jurídico". La idea opuesta es la del "pluralismo jurídico". Bobbio defiende la concepción pluralista surgida con el institucionalismo, de acuerdo con la cual cada grupo social organizado posee su propio ordenamiento jurídico. Así, considera que además de ordenamientos estatales existen ordenamientos supra-estatales, como el ordenamiento internacional; ordenamientos infra-estáteles, propios de los grupos sociales que el Estado reconoce; colaterales al Estado, como el de la Iglesia católica; u ordenamientos anti estatales, como las asociaciones para delinquir Por tanto, según esta concepción, al analizar la estructura de un ordenamiento, hay que tener en cuenta su probable relación con otros ordenamientos jurídicos que operan en su entorno, pues la estructura jerárquica de un ordenamiento puede prolongarse fuera del mismo, si tal ordenamiento está subordinado a otro superior, o éste reenvía a otros ordenamientos menores o parciales la regulación de determinados comportamientos, o el ordenamiento superior absorbe las normas de un ordenamiento inferior. Así, los ordenamientos estatales además de ser complejos, integrados por varias fuentes, son compuestos, al configurarse como un producto de la estratificación secular de ordenamientos diversos, que se amalgaman en un único ordenamiento estatal vigente. Tal estratificación se puede llevar a cabo a través de dos procedimientos. - Absorción por parte del ordenamiento estatal de las normas de otros ordenamientos parciales que tenían especial importancia en la vida de la comunidad, como el Derecho comercial o el Derecho de la navegación. A este Derecho se denomina de recepción - El ordenamiento estatal reconoce la validez en su propio ámbito de normas de ordenamientos menores, pero sin apropiarse de ellas. Es el procedimiento de reenvío Por tanto, no sólo las normas que integran un ordenamiento interno han de estar relacionadas entre sí de acuerdo con el principio de unidad, sino que éste ha de extenderse a las relaciones de tales normas con las que proceden de otros ordenamientos superiores y menores, integrándose todas ellas en una estructura piramidal que supone una ampliación de la pirámide normativa que representa a los ordenamientos jurídicos estatales. Que el principio de unidad haya de predicarse no sólo en relación a las normas internas de un Estado, sino que también abarque a las relaciones entre tales normas con las de los ordenamientos superiores, como por ejemplo el Derecho internacional, y con las que pertenecen a los ordenamientos menores o parciales, como en el supuesto de un código deontológico de una profesión determinada, supone que la exigencia para alcanzar tal unidad de la eliminación de antinomias y lagunas haya de extenderse a las relaciones entre todas las fuentes de esta estructura piramidal más amplia. Por tanto, el intérprete del Derecho a la hora de aplicar una norma ha de optar, siguiendo algunos de los criterios expuestos (jerárquico, cronológico o de especialidad), o de acuerdo con su libre apreciación si éstos no resultan aplicables para resolver la antinomia, por alguna de las normas existentes tanto en el ámbito del ordenamiento interno estatal, como en el ordenamiento supranacional o en el de alguno de los ordenamientos menores. También en el caso de la existencia de lagunas el intérprete del Derecho podrá integrar el ordenamiento interno no sólo recurriendo a normas o principios del Derecho interno (auto integración), sino también teniendo en cuenta las normas del Derecho Natural y de otros ordenamientos positivos contemporáneos con los que tenga relación, como pueden ser los de cualquier otro ordenamiento estatal o los del ordenamiento canónico (heterointegración). En este sentido, la idea de unidad de todas las normas entre sí, se refuerza teniendo en cuenta que éstas además de derivar de una norma fundamental, han de tender a configurarse como un conjunto de entes entre los cuales exista un cierto orden, eliminando las posibles antinomias y tratando de integrar las lagunas, teniendo en cuenta también las normas de ordenamientos superiores, así como menores o parciales. Si bien, Bobbio entiende que las antinomias son subsanables a través de la interpretación, no ocurre lo mismo con las lagunas, pues aunque éstas se integren a través de los procedimientos de auto integración o heterointegración, no se subsana el problema de las lagunas, puesto que el Juez al aplicar a un caso no regulado una norma del mismo o de otro ordenamiento superior o menor, integra la laguna, pero no significa que ésta desaparezca, pues sigue sin existir regulación específica para ese supuesto. De esta argumentación deriva el rechazo de Bobbio, de la absoluta coherencia y sobre todo plenitud del ordenamiento jurídico, a diferencia de Kelsen, para el que estos supuestos resultan superados siempre y en todo a caso a través de la interpretación jurídica del ordenamiento como un todo dotado de sentido .Por tanto, el principio de unidad dentro de la Teoría General del Derecho de Bobbio es predicado tanto en relación a la plena unidad de todas las normas del sistema en la norma fundamental, como haciendo referencia a la unidad de todas las normas entre sí, a través de la labor del intérprete del Derecho que ha de eliminar a la hora de resolver un supuesto concreto las posibles antinomias, así como ha de integrar las lagunas existentes con normas procedentes del mismo ordenamiento o de otros superiores o parciales. Sin embargo, este último factor de unidad no se consigue de forma plena o absoluta, pues existen siempre supuestos de antinomias o lagunas, pese a los esfuerzos del intérprete del Derecho a la hora de cumplir el mandato legal de resolver el caso controvertido, optando entre las frecuentes normas antagónicas o acudiendo, en caso de lagunas, a los criterios de auto integración o heterointegración. Pero, pese a tales esfuerzos, en todo ordenamiento jurídico seguirán existiendo supuestos de falta de coherencia y de ausencia de plenitud entre sus normas, por lo que no podremos utilizar la expresión de ordenamiento jurídico en este sentido con carácter absoluto o pleno, y menos aún la expresión sistema jurídico, ya que entiende por sistema una totalidad ordenada de tal modo que haría imposible la existencia de normas incompatibles o de vacíos legales. Sin embargo, Bobbio estima que existe una tendencia constante por parte de la jurisprudencia a considerar el Derecho como sistema, precisamente por el afán de eliminar antinomias y lagunas, concebidas como defectos que el intérprete ha de superar





















ROBERT ALEXY: Catedrático de Derecho Público de la Universidad Christian-Albrechts de Kiel. Nació el 9 de septiembre de 1945 en Oldenburg (Alemania). Robert Alexy es un filósofo del Derecho alemán. Estudió derecho y filosofía en Göttingen. Recibió el Dr. iur. en 1976 con una tesis sobre Teoría de la Argumentación Jurídica, y en 1984 obtuvo la habilitación con el libro Teoría de los Derechos Fundamentales. Es catedrático de Derecho Público y Filosofía del Derecho en la Universidad de Kiel y Dr. h. c. de la Universidad de Alicante (2008).
La definición de derecho de Alexy es como una mezcla entre el normativismo de Kelsen (mayor influencia del positivismo jurídico) y el naturalismo jurídico de Radbruch (Alexy, 2002), es por ello que su teoría jurídica del derecho se conoce como no positivismo.




Teoría


Su teoría de la argumentación jurídica muestra la necesidad de plantear los enunciados doctrinales de manera lógica, de acuerdo con las normas vigentes y con los enunciados empíricos, para lograr una argumentación práctica, de tipo general, para que la argumentación dogmática tenga sentido en la práctica general. Para lograrlo hay que examinar, de forma sistemática las funciones de la dogmática jurídica, en los campos de:
1- La estabilización Ello se logra con la ayuda de los enunciados dogmáticos, que se fijan por largos períodos de tiempo y se hacen reproducibles, en determinadas soluciones prácticas, cuando la dogmática opera en el ámbito institucional, con lo cual se logran determinadas formas de decisión. Esto es un asunto de gran importancia cuando se tienen en cuenta las posibilidades discursivas, ya que si se tuviera que discutir algo de nuevo, surge la posibilidad de que no se violen las reglas de los discursos jurídico y práctico, para lograr resultados distintos. Ello contradice el principio de universabilidad pero no implica que un enunciado dogmático, una vez aceptado, deba ser mantenido con rigor por un tiempo ilimitado pero si determina que no pueda ser abandonado con ligereza, ya que no es suficiente que haya buenas razones para cambiarlo; éstas debe ser tan buenas como para que justifiquen el cambio, hasta incluso romper con la tradición. Las nuevas soluciones deben soportar la carga de la argumentación. Por ello, el efecto de la estabilización no debe ser sobrevalorado y debe aceptarse que está limitado. Se puede recurrir, para cambiar una Ley, enunciados prácticos generales, como fundamentación dogmática impura, que es a lo que alude Luhman cuando establece que la función de la dogmática no reside en un encadenamiento del espíritu, sino en todo lo contrario, en el aumento de la libertad, en el trato con experiencias y textos.
2- El progreso Esta función guarda una estrecha relación con la estabilización aunque el progreso en las ciencias jurídicas es mucho más complejo que el que se da en las ciencias empíricas, ya que no depende sólo del científico del Derecho sino de la actividad del legislador y de los cambios de valores dentro de una sociedad
3-La descarga Indispensable en el trabajo de los tribunales presionados por el tiempo y en la discusión científica y jurdídica, cuando es imposible volver a discutirlo todo, ya que lo comprobado y aceptado, así sea de una manera provisional no requiere de una nueva comprobación inmediata y depende del grado de optimización como la sencillez, precisión, la riqueza y la confirmación de los enunciados de una dogmática, tanto como de la extensión de un consenso suficiente sobre ellos pero el valor de la descarga también es limitado. La dogmática no sólo puede tener un efecto de descarga, sino de carga, y aumentar las dificultades en la toma de una decisión. El efecto de descarga en casos ordinarios debe pagarse con dificultades en algunos casos límite.
4-La técnica Para contemplar un campo de la manera más amplia posible o en su totalidad es necesario construir conceptos básicos generales, formas de enunciación e instituciones jurídicas para ofrecer una rápida panorámica de las interdependencias. Así se logra una función informativa, promotora de la enseñanza y en aprendizaje en materia jurídica, para aumentar la capacidad de transmisión, así esta función didáctica pueda ponerse en duda pero, es cosa sabida, que la penetración analítica y conceptual en un objeto de conocimiento es la mejor manera de dominarlo.
5-El control Hay dos tipos de control de consistencia. Tanto en la comprobación sistemática, en sentido estricto, comprobable por la compatibilidad lógica de los enunciados dogmáticos entre sí y en el de la comprobación sistemática, en un sentido más amplio, que apunta a la compatibilida en la práctica general de la toma de decisiones para fundamentarla con la ayuda de distintos enunciados dogmáticos, con lo que se acrecienta el grado de eficacia del principio de universabilidad que sirven a la Justicia.
6-La heurística En la solución de problemas en el campo de la investigación por métodos no rigurosos, como son el tanteo y las reglas empíricas. Las dogmáticas contienen toda unas serie de modelos de solución pero el uso de la heurística puede ser de gran utilidad, al sugerir preguntas y respuestas que de otra manera no serían posibles o se quedarían por fuera del campo de visión. Así un sistema dogmático puede devenir fructífero y ser el punto de partida para nuevas observaciones y establecimiento de relaciones, al sinteizar y llevar a un mayor grado de comprensión, gracias al análisis de casos singulares, que permiten hacer generalizaciones.


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INDUCCION Y DEMARCACION

En Popper la consideración de la inducción en el Derecho, manifestaría la necesidad de reducir el derecho a ciencia empírica, es decir, sólo se facilitaría si purgo el derecho de compromisos metafísicos; cuando él habla de conclusiones verificadas no puede entenderse que ellas conduzcan forzosamente a teorías verdaderas, ni siquiera probables, mientras el derecho esté comprometido con definiciones metafísicas no existe criterio de demarcación.
El positivismo original admitió como científicos –o legítimos- sólo los conceptos derivados de la experiencia.
Los positivistas modernos hablan de la ciencia no como sistema de conceptos sino de enunciados y sólo aceptan como legítimos los enunciados de experiencia.
Permite el procedimiento lógico-inductivo, para ellos la demarcación se hace consistir en la crítica de la metafísica y la adopción del conocimiento empírico como fórmula naturalista, y la lógica inductiva de los positivistas sólo alcanza a diferenciar entre sentidos y sin-sentidos en la clasificación de los conceptos.
En Wittgenstein la demarcación de los indicativitas se limita a reemplazar científico o legítimo por con-sentido y metafísico por sin-sentido.
El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva, dice Popper, ... equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica tienen que ser decidibles de modo concluyente.
El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva, dice Popper, ... equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica tienen que ser decidibles de modo concluyente.
Para Popper no existe nada que pueda ser llamado inducción y no es viable una inferencia que pueda ser calificada de legítima o científica a partir de casos particulares.
La falsabilidad como criterio de demarcación es difícil de aplicar a la inducción, un enunciado cualquiera no es empírico sólo porque no puede ser refutado.
La posición empírica de que sólo la experiencia califica la verdad o falsedad de los enunciados fácticos era resuelta por los positivistas dándole a las leyes naturales el carácter de enunciados no-auténticos o negando su carácter de enunciados.
Popper rechaza la estratagema dado que no tiene fundamento afirmar que todos los enunciados auténticos son completamente decidibles –verificables o falsables-. A su juicio, aún considerando las leyes naturales como auténticos enunciados se puede afirmar que sólo son parcialmente decidibles; no son lógicamente verificables pero sí son falsables.
Entre las teorías A y B, B puede ser mejor que A, porque A ha sido falsada o porque B es más rica en predicciones. Evidentemente este procedimiento no es lógicamente inductivo ni deductivo sino lógicamente probabilista.
El problema de la demarcación permite no sólo distinguir la ciencia empírica de las especulaciones pseudocientíficas Pseudo – prefijo griego Falsa) Falsa ciencia, y metafísicas sino evaluar o calibrar la significación de las teorías científicas por aplicación de la falsabilidad (es proposición universal es falsa cuando se consigue demostrar mediante la experiencia que un enunciado observable es falso).
El sentido problemático de la inducción está en la ambigüedad o doble connotación implícita en el concepto de paso. Paso de lo particular a lo general significa formular hipótesis, leyes o teorías generales a partir de casos limitados o de sujetos particulares, en este sentido existe la inducción mas no un método inductivo, un segundo sentido de paso o inferencia estaría referido no a lo general sino a lo universal, implica inferir lo universal de lo particular y constituye una justificación de la hipótesis. Esta distinción equivale a formalizar un contexto de descubrimiento para el primer sentido y un contexto de justificación para el segundo.
En la inducción enumerativa la justificación está vinculada a la pluralidad o serie. “todas las esmeraldas son verdes porque cada una de las varias que he observado es verde”;
En la inducción estadística y en la probabilista la justificación de la hipótesis está dada en la regularidad de los comportamientos, la alta probabilidad de que “Luis desarrolle cáncer de pulmón”, reside en la regularidad de la otra premisa-dato. “Los fumadores persistentes (como lo es Luis) en una alta proporción estadística desarrollan cáncer de pulmón”.
En la inferencia abductiva o de mejor explicación, se justifica la hipótesis por la eliminación de otras paralelas “las huellas en la playa son probablemente de humanos dado que generalmente las huellas que parecen de humanos son producidas por humanos”.
La ciencia está condenada a crecer careciendo de seguridad. El problema de la inducción que cíclicamente reaparece hace explícita la contraposición de teoría y experiencia. Es la insuficiente determinación de la teoría por la experiencia, ni siquiera la pluralidad de datas experimentales garantiza inferencias teóricas homogéneas siempre es posible la proliferación de hipótesis teóricas diferentes y hasta incompatibles.
Popper al condenar a las tinieblas exteriores el método inductivo excluye por consecuencia la existencia de un método científico. La ciencia es un tejido de conjeturas, la ciencia carece de toda seguridad. Pero una lógica probabilística no se puede identificar con la inducción; no importa que inducir sea el procesamiento de datos conocidos para proyectar su calificación a otros similares y desconocidos y que en este juego el interés sea una probabilidad creciente.
LA IMPOSIBILIDAD DE UNA LOGICA INDUCTIVA
En la teoría popperiana la probabilidad es formal, autónoma y simétrica.
El Razonamiento inductivo se presenta veces como caprichoso, pues se eligen indistintamente fundamentos de naturaleza contraria: a) Si he sacado más fichas rojas que blancas, probablemente la próxima será roja; b) Si he sacado más fichas rojas que blancas, probablemente la próxima será blanca.
La lógica probabilística no puede identificarse con la lógica inductiva aunque pueden darse afinidades, un argumento conclusivo será simplemente un argumento con probabilidad máxima. Visto así la argumentación probabilística es razonamiento inductivo pero, según Popper, no hay forma de llevar la lógica probabilística a reglas inductivas.
La inducción en su intento de conocer lo desconocido disminuye la seguridad de ese conocimiento, pero la lógica inductiva no puede identificarse con la lógica probabilística.
Hume había dicho que no hay argumento lógico válido para demostrar que los casos desconocidos de una categoría son parecidos a los casos conocidos.
CONCLUSIONES No es posible una argumentación inductiva y en el caso de serlo no es lógica. La lógica o es deductiva, o no es. Ahora bien, las decisiones judiciales siempre están montadas en el método lógico-deductivo, pero consideramos que este es inaceptable en la medida en que se divorcia de la realidad existencial y convierte al hombre y su conducta en premisas formales y esquemáticas frías. Bien es cierto que existen otros tipos de argumentación no-lógicos –analogía, metáforas, intuición- y con el pretexto de humanizar el fallo, podrían acogerse como posibilidad, pero ello acarrea el peligro de abrir paso a la improvisación individual, a la falta de cohesión conceptual corporativa y a desestimar el antecedente creativo. Por lo anterior, la deducción lógico-formal no puede ser por sí sola la base del fundamento de una sentencia, pues habrá de reconocerse que en su elaboración entra en juego los elementos geográficos, económicos, técnicos, etc, los cuales entran a operar dentro de un sistema global. El juez no puede desligarse de los elementos normativos, pero tiene que integrar además los valorativos y los socio históricos. Adicionalmente, habrá de considerarse que la inferencia deductiva opera en el ámbito de los contenidos normativos y no en el de las normas Es más notorio el papel del marco lógico-deductivo y del principio de legalidad que es la fuente de su dinámica, en el derecho penal: Porque tanto la tipicidad del delito, como el procedimiento adecuado, la consecuencia punitiva y el juez competente, forman parte de la premisa mayor del debido proceso y constituyen una camisa de fuerza que prácticamente elimina toda posibilidad de discrecionalidad en el juez. El silogismo se le da hecho, y salirse de él es prevaricar. Cuando se habla de la certeza del derecho y de la seguridad jurídica como un mito, se hace preciso reforzar la discrecionalidad del juez y reconstruir con bases distintas tanto la seguridad jurídica como la certeza del derecho. Una explicación tiene compromiso con la lógica, pero una justificación no. Ello es posible si se acepta que las justificaciones no integran un sistema cerrado, por lo menos no tan cerrado como las explicaciones lógicas. La elección de los recursos interpretativos puede desplazarse hacia lo ideológico, y no se irá a la busca de la solución lógicamente correcta sino de la solución políticamente razonable. (Es probablemente la razón para que Perelman considerara los procedimientos jurídicos como una simple modalidad retórica.) Así, la verdad explicada tiene referentes empíricos, en tanto que el valor justificado carece de ellos. Si el jurista trabaja con el método lógico-deductivo los juicios de verdad deben conducirlo a una decisión que no solo se muestra como verdad y como razonable, sino que debe ser demostrada. Por otros caminos, trabajando con los juicios de valor, el compromiso no es demostrar, sino apenas mostrar y encuadrar lo mostrado en un marco ideológico. Si se logra dar aceptabilidad a la decisión jurídica, y esa aceptabilidad es general o universal, el logro es superior a si hubiera buscado la objetividad con los juicios de verdad. Aquí se hace explícita una distinción fundamental: La argumentación racional no tiene por qué reducirse al método lógico-deductivo. Las otras fórmulas pueden de igual manera ser razonables. No es forzoso concebir la decisión jurídica como una verdad científica. La matematización de las ciencias no resulta adecuada a la ciencia jurídica. Del método tradicional lógico-deductivo no se puede prescindir totalmente, pero ha de concebirse la decisión jurídica como un proceso complejo de argumentación que es secuencia de sucesivas decisiones elaboradas no solo por deducción sino con auxilio de los otros instrumentos de inferencia.
VEROSIMILITUD Y CORROBORACION
LA VEROSIMILITUD
Literalmente hablando, VEROSIMIL es lo que parece verdad, lo que parece verdadero, Y la verosimilitud es la condición de los enunciados que parecen acercarse a la verdad. Dentro de este sistema no se considera la posibilidad de que se llegue a la verdad, y la calidad de conocimiento científico se va a medir por la aproximación aparente a la verdad, por la dosis de verdad que parece tener, y que siempre será una situación temporal o provisional.
No tiene sentido acumular verdades fáciles por lo triviales o tautológicas. Como dos y dos son cuatro o Todas las mesas son mesas. Hay importantes conjeturas y grandes teorías que resultan falsas, pero son de interés científico porque contienen gran cantidad de enunciados verosímiles y a través de ellos abren caminos. Para la ciencia es preferible una verdad parcial o precaria que origina numerosos enunciados verosímiles, que una verdad sólida pero minúscula y pobre en su contenido de enunciados verosímiles. Al lado del contenido de verdad de que hemos hablado, está el contenido lógico del enunciado que está constituido por el conjunto de informaciones que proporciona. Aunque los enunciados que no son ambiguos forzosamente son verdaderos o falsos, bien puede ocurrir que dados como falsos sean próximos a la verdad, lo que daría una categoría especial: la de los enunciados falsos pero próximos a la verdad.
Cuando son las tres de la tarde, es tan falso que son las dos y media como que son las dos y cuarenta y cinco, pero este segundo enunciado es menos falso o más próximo a la verdad, que el primero.
Podemos, pues, hablar de enunciados verdaderos, o con mayor contenido de verdad, y enunciados falsos más o menos próximos a la verdad, es decir, menos falsos que otros cuya distancia a la verdad es mayor.
Esto nos permite decir que el objetivo de la ciencia es la verdad, o la conquista de la mayor cantidad posible de verdad en los enunciados, esto es, la verosimilitud.
A juicio de Popper, para la teoría crítica de la ciencia se necesita más que la verdad, la verosimilitud.
LA CORROBORACION
Las teorías no son verificables, es decir, no pueden ser comprobadas, no puede asegurarse que constituyen verdad o falsedad en términos absolutos.
Solamente pueden ser corroboradas, Las teorías son algo que no es verdadero ni falso sino más o menos probable.es decir, calificadas como más o menos probables.
El proceso se realiza a través de las contrastaciones, y el enunciado será de mayor calidad en la medida en que haya resistido más contrastaciones. Esto daría la medida de su corroboración.
Las teorías sometidas a sucesivas y diversas contrastaciones y experimentos pueden lo mismo mejorarse que falsarse.
En el supuesto de que falle la regularidad de los procesos naturales, si el sol no sale mañana, el observador científico tendría qué explicar este fenómeno, deduciéndolo de leyes y probablemente revisando las teorías anteriores; pero las teorías revisadas no solo tendrían que explicar este fenómeno específico sino permitir la deducción de explicaciones a las situaciones o fenómenos anteriores.
Esto es, las nuevas teorías con las que la ciencia sustituye las anteriores, deben cubrir con su comprensión y explicaciones tanto los procesos anteriores como el fenómeno excepcional que las niega o desvirtúa.
Dado que de su validez depende la validez de las inferencias a que se aplica, aceptar su falsabilidad conduciría a su propia falsación simultáneamente con la de la primera teoría falsada. Esta necesidad de poner término a una regresión interminable, equivale a determinar un punto de partida a las inducciones mediante un enunciado no refutable, es decir, propuesto como válido a priori. Así pues, reconocer la invariabilidad o uniformidad de la naturaleza y con ella la verificabilidad o comprobabilidad de las teorías, no puede constituír una teoría del conocimiento porque nos colocaría en un dilema. Estaríamos abocados a la regresión infinita o al apriorismo.
Popper prefiere hablar de grado de corroboración en lugar de probabilidad y usa el grado de corroboración para determinar la aceptabilidad de una hipótesis. Dice Popper que las teorías no son verificables. (Y ésta, siendo consecuentes, es una teoría de Popper, o peor aún si se la toma como principio o ley). Lo que quiere sugerir es más bien –y así lo dice- que las teorías pueden mejorarse con la práctica de nuevos experimentos. Asimismo, pueden falsarse, lo que invierte su mejoramiento hasta eliminarlas gradual o definitivamente de un paradigma.
Pero es en el plano metodológico donde le interesa sustentar la inverificabilidad de las teorías. La inexistencia de eventos antes previstos como regulares –dentro de la regularidad de la naturaleza, que es el fundamento de sus leyes- tiene, a su vez, qué ser explicada por la ciencia, y tiene qué hacerlo a través de las mismas leyes.
No es posible, pues, fundar la probabilidad de una hipótesis en la frecuencia de enunciados –verdaderos o falsos-. Con ello queda dicho que considerar la frecuencia veritativa es incompatible con la teoría probabilitaria de la inducción. A juicio de Popper es estéril identificar la probabilidad de una hipótesis con la probabilidad de eventos. Y ésta conclusión es independiente de que se acepte que las hipótesis de la física son enunciados probabilitarios, o se distinga en las leyes naturales las que son probabilitarias o hipótesis frecuenciales, de las que son deterministas o precisas. Como lo piensa Jeans, Popper dice que no sabemos nada… con seguridad. En el mejor de los casos tratamos con probabilidades.
A juicio de Popper es estéril identificar la probabilidad de una hipótesis con la probabilidad de eventos. Y ésta conclusión es independiente de que se acepte que las hipótesis de la física son enunciados probabilitarios, o se distinga en las leyes naturales las que son probabilitarias o hipótesis frecuenciales, de las que son deterministas o precisas. Como lo piensa Jeans, Popper dice que no sabemos nada… con seguridad. En el mejor de los casos tratamos con probabilidades.
La lógica inductivista clásica presenta la posibilidad de coordinar los enunciados probabilitarios dentro de una escala de grados de validez, que serían en el fondo grados de probabilidad entre dos puntos extremos inalcanzables: la verdad y la falsedad.
No tiene, pues, utilidad práctica sustituir verdadero por probable, ni falso por improbable. Pero una hipótesis sí puede demostrar su temple, su fortaleza, en una cierta forma de evaluación, que es la que llamamos corroboración. Esto no conduce a afirmar que las hipótesis sean enunciados verdaderos, sino apenas conjeturas provisionales.
Pero la corroboración de una teoría no ha de tomarse solamente como cantidad: mayor o menos grado de corroboración. Sino principalmente considerando con criterio cualitativo que la corroboración puede ser mejor o peor, de mayor calidad o de menor calidad. Una hipótesis científica compleja exige calidad en la corroboración. El enunciado de un evento físico cotidiano, o un enunciado elemental como todos los cuervos son negros, no pide corroboraciones de calidad, y basta una reiteración cuantitativa para considerarlos corroborados.
Popper cree que en la historia de la ciencia es la teoría y no el experimento, la idea y no la observación, las abren nuevos caminos. Pero el experimento tiene a su favor que nos desafía hacia las nuevas rutas. Los términos corroborabilidad, contrastabilidad y probabilidad lógica han de relacionarse para un mejor entendimiento. La corroborabilidad de una teoría tiene relación con su falsabilidad.
Cuanto más contrastable, mejor puede ser corroborada. Pero la contrastabilidad es lo contrario de la probabilidad lógica. Y al evaluar la corroboración, se tiene en cuenta la probabilidad lógica del enunciado.
En la corroboración, los primeros ejemplos de contrastación suelen tener más peso e importante, y éstos decrecen al aumentar su número. Diríamos que las últimas contrastaciones agregan muy poco al grado de corroboración ya definido. El grado de corroboración de una teoría más universal puede ser mayor que el de otra menos universal, y que, por lo mismo sería menos falsable.






Karl Raimund Popper (Viena, 28 de julio de 1902 - Londres, 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo, sociólogo y teórico de la ciencia nacido en Austria y posteriormente ciudadano británico.
Popper expuso su visión sobre la filosofía de la ciencia en su obra, ahora clásica, La lógica de la investigación científica, cuya primera edición se publicó en alemán (Logik der Forschung) en 1934. En ella el filósofo austriaco aborda el problema de los límites entre la ciencia y la metafísica, y se propone la búsqueda de un llamado criterio de demarcación entre las mismas que permita, de forma tan objetiva como sea posible, distinguir las proposiciones científicas de aquellas que no lo son.
Es importante señalar que el criterio de demarcación no decide sobre la veracidad o falsedad de una afirmación, sino sólo sobre si tal afirmación ha de ser estudiada y discutida dentro de la ciencia o, por el contrario, se sitúa en el campo más especulativo de la metafísica. Para Popper una proposición es científica si puede ser refutable, es decir, susceptible de que en algún momento se puedan plantear ensayos o pruebas para refutarla independientemente de que salgan airosas o no de dichos ensayos.
Su criterio de demarcación le trajo sin querer un conflicto con Ludwig Wittgenstein, el cual también sostenía que era preciso distinguir entre proposiciones con sentido y las que no lo tienen. El criterio de distinción, para Wittgenstein, era el del "significado": solamente las proposiciones científicas tenían significado, mientras que las que no lo tenían eran pura metafísica[cita requerida]. Era tarea de la filosofía desenmascarar los sinsentidos de muchas proposiciones autodenominadas científicas a través de la aclaración del significado de las proposiciones.
Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) fue un filósofo austriaco, posteriormente nacionalizado británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas.
Las Investigaciones filosóficas es el principal texto en que se recoge el pensamiento del llamado segundo Wittgenstein. El rasgo más importante de esta segunda época está en un cambio de perspectiva en su estudio filosófico del lenguaje. Si en el Tractatus adoptaba un punto de vista lógico para el escrutinio del lenguaje, este segundo Wittgenstein llega al convencimiento de que el punto de vista adecuado es de carácter conductista: no se trata de buscar las estructuras lógicas del lenguaje, sino de estudiar cómo se comportan los usuarios de un lenguaje, cómo aprendemos a hablar y para qué nos sirve.
Hume es la figura más importante de la corriente filosófica del s. XVIII denominada empirismo, que surge como reacción al problema del conocimiento del racionalismo del siglo XVII. Ahora, el hombre y su mente es el centro de las preocupaciones y no es Dios, como ocurría en la filosofía medieval. Los empiristas sostienen que no hay ideas innatas y que todas ellas proceden de la experiencia sensible.
Hume señala que todas las ciencias guardan relación con la naturaleza humana, es decir, todas las ciencias caen bajo las capacidades del ser humano y son juzgados por el hombre. El único método válido para Hume es el de Newton pero aplicado a la ciencia del hombre.
Todo cuanto conocemos es una percepción. Las percepciones son los contenidos de la mente en general y se dividen en impresiones, que son los datos inmediatos de la experiencia, e ideas, que son representaciones o copias de las impresiones en el pensamiento (imágenes debilitadas de las impresiones). Las ideas tienen su origen en las impresiones. Ambas pueden ser también simples o complejas, según estén o no formadas por partes y pueden ser también de reflexión o sensación. Cuando la mente ha recibido impresiones, éstas pueden reaparecer de dos modos: memoria e imaginación. Las ideas de la memoria son más fuertes que las de la imaginación pues la memoria preserva el orden y la forma de las originales. La imaginación, sin embargo, es libre de alterar y trastocar las ideas.
tomada de las maximogris y buscadores de internet autorizados